Según el expediente, semanas antes de la fatídica noche, dos ciudadanos haitianos, identificados solo como “Caballito” y “El Grande”, fueron empleados para llevar a cabo reparaciones en el techo de la discoteca. Estos individuos no contaban con la preparación ni la experiencia necesarias para este tipo de trabajo, y actuaban como ayudantes de Manuel Jiménez Mateo, el encargado de mantenimiento, quien tampoco poseía formación profesional en ingeniería civil o estructuras.
A pesar de las visibles grietas y desprendimientos que presentaba el techo, se les encomendó a estos trabajadores aplicar parches de cemento, colocar lonas asfálticas y sustituir plafones rotos.




