La idea revolucionaria no prendió de inmediato entre el público, aún receloso de la electricidad en hogares a finales del XIX. Las guirnaldas se volvieron moda en escaparates de grandes almacenes y casas ricas desde 1890, pero tardaron en llegar a familias comunes. Un guiño presidencial llegó en 1895 con Grover Cleveland, quien iluminó el árbol familiar en la Casa Blanca con luces multicolores, aunque sin gran eco. General Electric impulsó el mercado en 1903 con kits accesibles.
El boom definitivo llegó en 1917 gracias a Albert Sadacca, otro neoyorquino inspirado por tragedias de velas incendiarias. Su familia, vendedora de decoraciones, lanzó luces de colores baratas; la confianza en la electricidad ya crecía. Sadacca y sus hermanos fundaron una firma especializada que, con aliados industriales, dominó la industria hasta los 60.
Hoy, 143 años después, las luces LED, como las del árbol de la Casa Blanca en 2009, honran ese legado en millones de hogares dominicanos, desde las calles iluminadas de Santo Domingo hasta las fincas del interior.




