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RESUMEN DE LA NOTICIA CON IA

Por Miguel A. Cohn

Coordinador del Comité Diáspora del CODES
CEO-ProDiaspora

La República Dominicana tiene ante sí una oportunidad historica: convertir a su diáspora en un eje transversal de desarrollo nacional. Durante décadas, los dominicanos en el exterior han sido vistos desde la nostalgia, la remesa y el vínculo afectivo con la patria. Esa visión, aunque valiosa, ya no es suficiente. La diáspora dominicana es mucho más que una comunidad que envía recursos: es capital humano, económico, social, cultural, político y empresarial con capacidad real de transformar el futuro del país.

Los números confirman esa realidad. En 2025, solo las remesas alcanzaron US$11,866.3 millones, según el Banco Central, a lo que deben sumarse alrededor del 30-40% de los ingresos netos por turismo, la inversión inmobiliaria (60%  en la mayoría de los casos) y el consumo de productos dominicanos en el exterior. Visto en conjunto, la diáspora no es un complemento de la economía nacional: es la mayor fuentes de divisas, estabilidad social y dinamismo productivo; sin duda, el principal eje transversal de impacto sobre el PIB dominicano.

El gran desafío consiste en pasar de una relación emocional y espontánea a una relación organizada, institucional y productiva. La diáspora debe dejar de ser vista únicamente como soporte familiar para ser reconocida como socia del desarrollo nacional. Para ello se necesita una política pública moderna, medible y transversal, capaz de conectar a los dominicanos del mundo con oportunidades concretas en vivienda, inversión, instrumentos financieros, comercio, turismo, educación, salud, retiro seguro y emprendimiento.

Desde ProDiáspora y en nuestro rol como Coordinador del Comité Diáspora del CODES-SD, hemos planteado la necesidad de construir una nueva arquitectura de vinculación. Esta visión parte de una premisa sencilla: si la diáspora aporta de manera estructural a la economía dominicana, también debe tener canales estructurales para participar en el diseño de las políticas que impactan su relación con el país. No se trata de crear más burocracia, sino de ordenar esfuerzos, evitar duplicidades, generar confianza y convertir el vínculo con la diáspora en una agenda de Estado.

En ese contexto, la propuesta de un Gabinete de la Diáspora como estructura de gobernanza adquiere una relevancia especial. Un espacio de coordinación de alto nivel permitiría articular al Gobierno, al sector privado, a las entidades financieras, al sector inmobiliario, a las asociaciones comunitarias, a los consulados, a los empresarios y a las organizaciones de la sociedad civil en torno a una misma visión: hacer de la diáspora una plataforma de prosperidad compartida.

El CODES-SD tiene, en este momento, una oportunidad dorada. Como espacio de articulación de los dominicanos en el exterior, puede convertirse en un canal institucional para elevar esta conversación al Consejo Económico y Social, donde deben discutirse las grandes políticas públicas de largo plazo. Llevar la agenda de la diáspora al seno del CES significaría colocar este tema donde corresponde: en el centro del diálogo nacional sobre desarrollo, competitividad, cohesión social y futuro económico.

Una política pública de diáspora bien diseñada tendría impactos directos y medibles. Podría dinamizar el desarrollo inmobiliario, facilitar productos financieros especializados, canalizar inversiones de dominicanos de alto poder adquisitivo, motorizar la compra de bienes y servicios dominicanos desde el exterior, promover fondos de inversión especializados, fortalecer el comercio nostálgico, impulsar el turismo de retorno y crear mecanismos confiables para quienes desean planificar su retiro en la República Dominicana.

La diáspora no necesita discursos simbólicos. Necesita canales. Necesita confianza. Necesita información. Necesita reglas claras. Necesita productos adecuados a su realidad. Necesita instituciones que la escuchen, la organicen y la integren.

La República Dominicana no termina en sus fronteras. Se extiende a Nueva York, Nueva Jersey, Florida, Madrid, Boston, Puerto Rico, Pensilvania, Europa, Asia y en cada lugar donde un dominicano trabaja, emprende, invierte, consume, educa a sus hijos y mantiene viva su identidad nacional.

Ha llegado el momento de reconocer que la diáspora no es un pasado que se fue. Es el futuro que puede volver organizado, invertido y comprometido con una nueva etapa de desarrollo dominicano.


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