Ciudad del Vaticano.- Ante el mediático cisma de los «lefebvrianos», consumado en directo en las redes sociales, y la excomunión automática de sus obispos, el papa León XIV afronta este episodio firme en su intención de mantener unida a la Iglesia, como le piden sus cardenales, a pesar de una rebelión que, además de ser antigua, tiene un recorrido incierto.
El Vaticano confirmó este jueves la excomunión para los cuatro nuevos obispos de la ultraconservadora Fraternidad Sacerdotal San Pío X, conocidos como «lefebvrianos», y los dos consagrantes que los ordenaron: el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay «al haber cometido un acto de carácter cismático mediante la consagración episcopal de cuatro presbíteros, sin mandato pontificio».
¿Un cisma con consecuencias?
El cisma y la excomunión de los seis obispos puede quedarse sólo en un evento mediático rodeado de parafernalia eclesiástica tradicionalista entre las montañas de la localidad suiza de Écône y sin tener graves consecuencias: a pesar de que en 2009 Benedicto XVI levantó la excomunión que les impuso Juan Pablo II en 1988, este grupo nunca ha vuelto a estar en comunión plena con la Iglesia.
Para un papa centrado desde el inicio de su pontificado en la comunión y la unidad de la Iglesia para encarar una situación de este tipo «seguramente va en una línea opuesta a sus deseos y por lo tanto es un problema, pero al mismo tiempo debemos reconocer que este grupo es numéricamente reducido, se habla mucho en los medios, pero los números globales no son tan altos ni significativos», explica a EFE el historiador y profesor de Historia de la Iglesia en la Universidad Gregoriana, Roberto Regoli.
Los «lefebvrianos» son ultraconservadores y están fuertemente ideologizados, como explicó el exprefecto de la Doctrina de la Fe, el cardenal alemán Gerhard Ludwig Müller en una reciente entrevista al Corriere della Sera: «Están obsesionados , siguen su ideología. No puede ser que un grupo de católicos se defina como la única presencia de la verdad católica frente a los papas, los obispos y los concilios».
«Se comportan como Lutero hace cinco siglos: aceptaré al Papa cuando el Papa acepte mi idea de la tradición. Todo esto es ridículo», dijo Müller, considerado uno de los cardenales del espectro más conservador de la Iglesia.
Percisamente, el hecho de que este cardenal rechace a los «lefebvrianos» y apoye a León XIV en este frente, lleva a pensar que este asunto «esté destinado a fortalecer, en lugar de debilitar, el esfuerzo por la armonía y la unidad que León XIV sentó como base de su pontificado», opina el vaticanista del Corriere della Sera, Guanguido Vecchi.
En las reuniones previas al cónclave de 2025 y en los posteriores consistorios organizados por León XIV, los cardenales han pedido a Robert Francis Prevost que trabaje por la unidad de la Iglesia, después de la polarización que caracterizó el pontificado de Francisco.
Y en uno de sus últimos discursos, León XIV invitó a los cardenales a caminar juntos, sin divisiones ni personalismos, porque «no somos guardianes de intereses particulares, sino discípulos y testigos del Reino de Dios».
¿Qué pasa con los fieles «lefebvrianos»?
Para Regoli, la gran cuestión que queda abierta tras la confirmación de las excomuniones es qué van a hacer y qué va a ser de los seguidores de la Fraternidad de San Pio X tras la declaración del cisma. «¿Quieren permanecer aquí o unirse a otros movimientos tradicionalistas?. ¿Pueden hacer algo para volver a la Iglesia posteriormente? Esta es una valoración que debe hacerse desde la sede apostólica», explica.
Por su parte, Eduardo Baura, profesor español de Derecho Canónico en la Universidad de la Santa Croce de Roma y consultor del Dicasterio para los Obispos, también advierte, en entrevista con EFE, de la problemática situación en la que se encuentran los fieles «que, por ignorancia o error, participen en las ceremonias de los ‘lefebvrianos’ pues serían excomulgados ya que se trata de un cisma en toda regla».
Considera que para León XIV esto es seguramente «un dolor, porque es un grupo de fieles que se separan formalmente de la Iglesia» pero también apunta que queda «reforzada su autoridad, en el sentido de que ha hecho lo único que podía hacer».
Para que se levante la excomunión -que supone no poder recibir lícitamente los sacramentos- «basta manifestar el arrepentimiento», recuerda este experto.
Pero también rememora que Benedicto XVI decidió levantar la excomunión impuesta por Juan Pablo II en un acto «que, de hecho, fue muy en el límite y los canonistas también quedaron un poco perplejos porque levantó la excomunión a pesar de que no había habido ninguna manifestación de arrepentimiento».
Preguntado si León XIV podría hacer algo parecido, Baura no lo descarta aunque cree que para ello «tendrían que dar alguna señal» de arrepentimiento y, por el momento, «sólo han pedido que el papa hagan lo que ellos dicen».
La Sociedad Sacerdotal de San Pío X que está compuesta por 720 sacerdotes y aproximadamente medio millón de fieles, repartidos por todo el mundo.
EFE




