Las olas de calor extremo se han convertido en uno de los fenómenos meteorológicos más frecuentes y peligrosos del planeta. En los últimos años, temperaturas récord han afectado a Europa, América del Norte, Asia, Oriente Medio y otras regiones, provocando incendios forestales, sequías, interrupciones en los servicios básicos y miles de muertes asociadas al calor.
La situación vuelve a repetirse este año. Varios países de Europa, entre ellos España, Francia, Italia, Portugal y el Reino Unido, han emitido alertas por temperaturas superiores a los 40 grados Celsius, mientras que otras regiones del mundo también enfrentan episodios de calor intenso impulsados por el cambio climático.
Los especialistas explican que estos eventos son consecuencia de la combinación de fenómenos atmosféricos, como los llamados «domos de calor», con el calentamiento global provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero. Según los científicos, el aumento de la temperatura media del planeta está haciendo que las olas de calor sean más frecuentes, intensas y prolongadas.
¿Qué ocurre en el cuerpo cuando hace demasiado calor?
El organismo humano está diseñado para mantener una temperatura interna cercana a los 37 °C. Cuando el ambiente se vuelve extremadamente caluroso, el cuerpo pone en marcha varios mecanismos para evitar el sobrecalentamiento.
Uno de ellos consiste en dilatar los vasos sanguíneos cercanos a la piel para liberar calor al exterior. Al mismo tiempo aumenta la producción de sudor, cuya evaporación ayuda a enfriar el cuerpo.
Sin embargo, cuando el calor es excesivo o la humedad es elevada, estos mecanismos dejan de ser suficientes. La pérdida continua de agua y sales minerales puede provocar deshidratación, descenso de la presión arterial y un mayor esfuerzo del corazón para mantener la circulación sanguínea.
Como consecuencia pueden aparecer síntomas como:
- Mareos.
- Dolor de cabeza.
- Cansancio extremo.
- Calambres musculares.
- Náuseas y vómitos.
- Confusión o dificultad para concentrarse.
- Sudoración abundante.
- Desmayos.
Si la temperatura corporal continúa aumentando y supera los 40 °C, puede producirse un golpe de calor, una emergencia médica que puede causar daños en el cerebro, el corazón, los riñones y otros órganos vitales, e incluso provocar la muerte si no se recibe atención inmediata.
¿Quiénes corren mayor riesgo?
Aunque cualquier persona puede sufrir los efectos del calor extremo, algunos grupos son especialmente vulnerables:
- Adultos mayores.
- Bebés y niños pequeños.
- Mujeres embarazadas.
- Personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias, renales o diabetes.
- Pacientes con enfermedades neurológicas, como demencia o Parkinson.
- Trabajadores que realizan actividades al aire libre.
- Personas sin acceso a viviendas climatizadas o en situación de calle.
Algunos medicamentos también aumentan el riesgo de complicaciones, especialmente los diuréticos, antihipertensivos, ciertos tratamientos para la epilepsia, el Parkinson y algunos fármacos psiquiátricos, ya que pueden favorecer la deshidratación o dificultar la regulación de la temperatura corporal.
Cómo protegerse durante una ola de calor
Las autoridades sanitarias de distintos países coinciden en una serie de recomendaciones básicas para reducir los riesgos:
- Beber agua con frecuencia, incluso sin sentir sed.
- Evitar bebidas alcohólicas y con exceso de cafeína o azúcar.
- Permanecer en lugares frescos y bien ventilados.
- Cerrar cortinas y persianas durante las horas de mayor radiación solar.
- Evitar actividades físicas intensas entre las 11:00 de la mañana y las 4:00 de la tarde.
- Usar ropa ligera, de colores claros y tejidos transpirables.
- Proteger la cabeza con sombreros o gorras y utilizar protector solar.
- Nunca dejar niños, adultos mayores o mascotas dentro de vehículos estacionados, aunque las ventanas permanezcan parcialmente abiertas.
La alimentación también ayuda
Durante los días de calor intenso, los nutricionistas recomiendan consumir alimentos ricos en agua, como frutas (sandía, melón, naranja y piña), verduras, ensaladas y vegetales frescos.
También aconsejan realizar comidas ligeras, reducir el consumo de grasas y alimentos muy condimentados, e incorporar bebidas con electrolitos cuando exista una pérdida importante de líquidos por sudoración.
Cómo reconocer un golpe de calor
El golpe de calor constituye una urgencia médica. Sus principales señales incluyen:
- Temperatura corporal superior a 40 °C.
- Piel muy caliente, seca o con escasa sudoración.
- Alteración del estado de conciencia.
- Confusión.
- Convulsiones.
- Pérdida del conocimiento.
Ante estos síntomas se debe trasladar inmediatamente a la persona a un lugar fresco, quitarle el exceso de ropa, aplicar agua fría o compresas húmedas sobre el cuerpo y llamar a los servicios de emergencia sin demora.
Un fenómeno cada vez más frecuente
La Organización Meteorológica Mundial y diversos organismos científicos advierten que las olas de calor se encuentran entre los eventos climáticos más mortales. A diferencia de huracanes o inundaciones, sus efectos suelen ser silenciosos, pero provocan un incremento significativo de hospitalizaciones y fallecimientos, especialmente durante los primeros días del episodio, cuando la población aún no se ha adaptado a las altas temperaturas.
Los expertos coinciden en que, mientras continúe aumentando la temperatura del planeta, los episodios de calor extremo serán cada vez más habituales. Por ello, conocer sus efectos sobre la salud y adoptar medidas preventivas será fundamental para proteger a la población, especialmente a los grupos más vulnerables.




