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RESUMEN DE LA NOTICIA CON IA

Hablar de José Francisco Peña Gómez resulta sencillo. Su historia, sus luchas y su dimensión política forman parte de la memoria colectiva del pueblo dominicano. Lo difícil, realmente difícil, es olvidarlo.

No quiero repetir lo que todos saben ni enumerar las razones por las cuales se le venera. La historia ya se ha encargado de colocar su nombre entre los gigantes de la democracia dominicana. Pero más allá del líder, del orador imponente y del símbolo político, siempre me he hecho preguntas sobre el hombre.

¿Quién cuidaba a Peña Gómez?

¿Qué ocurría detrás de aquel rostro que cargaba las esperanzas de millones? ¿Qué pensaba cuando estaba a solas? ¿Cómo manejaba las traiciones, las traposondas, el odio, la ira y las heridas inevitables de la política?

Sé que probablemente no existan respuestas. Solo él podría haberlas dado.

Y quizá ahí radica una de las dimensiones más admirables de su grandeza: en la manera en que lograba sobreponerse. En cómo, pese a todo, permanecía de pie. En cómo convertía el dolor y la adversidad en fuerza para seguir trabajando por el país y por un legado democrático del cual hoy todos los ciudadanos pueden beneficiarse.

Gracias a Peña Gómez, la República Dominicana avanzó hacia instituciones más sólidas. Gracias a su visión y a su lucha política, hoy contamos con altas cortes y con un sistema democrático más firme y estructurado. Peña ayudó a construir el clima político que hoy, con todas sus imperfecciones, permite la convivencia democrática y el ejercicio de las libertades.

Qué pena, qué tristeza, que no pudiera ver materializado su gran sueño.

Y debo decirlo también: a mí me enorgullece recordarlo y poder hablar de él desde el respeto y la admiración. Porque más allá de las diferencias políticas y del paso del tiempo, existen figuras cuya dimensión humana e histórica merece ser reconocida con honestidad.

A nosotros nos corresponde mantener viva su memoria. No desde la repetición vacía, sino desde la comprensión de su dimensión histórica y humana. Porque su grandeza todavía reconforta, inspira y revela que este país tuvo la dicha de conocer a un gigante.

Peña siempre

Chiqui Aguilera


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