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RESUMEN DE LA NOTICIA CON IA

Por: Beatriz Bencomo

¿Qué hace una sociedad cuando lleva décadas anunciando su propio colapso y aun así sigue funcionando como si el anuncio no la incluyera? Sabemos lo que viene. Lo decimos en informes, cumbres y titulares. ¿Por qué eso no basta?

A 1.300 kilómetros del Polo Norte, dentro de una montaña del archipiélago de Svalbard, Noruega construyó una bóveda que guarda un millón trescientas mil muestras de semillas. La llaman Arca de Noé moderna. Las semillas pueden seguir vivas allí veinte mil años. No está vacía de uso, ya se abrió tres veces para reconstruir un banco genético perdido en la guerra civil de Siria. El fin del mundo no fue global, fue sirio, y el archivo respondió.

Una paciente recibe consuelo en un sistema de salud que lucha contra el desabastecimiento.
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La industria de búnkers crece tras la pandemia
Svalbard no es la única arca. En Tasmania, Australia construye una Caja Negra de la Tierra para registrar el colapso de la civilización. En Etiopía, en Filipinas, en el cantón Mejía del Ecuador, bancos nacionales archivan semillas. Son arcas públicas, con ciencia, autor colectivo, oficio. Y conviven con otras arcas que tienen otra ética. En la Patagonia argentina, por ejemplo, el 5 % del territorio nacional pertenece ya a propietarios extranjeros, según el Conicet. La región concentra la mayor reserva hídrica del continente. Más al norte, en Mendoza, el proyecto Wamani vende 32 mil hectáreas como refugio para el fin del mundo, con paquete de residencia argentina presentado en Silicon Valley. El sur sudamericano, donde el clima todavía no quema, se cotiza como activo.

El fenómeno también sube por la cordillera. Cuenca tiene 10 mil expatriados anglófonos, y Vilcabamba lidera las transferencias de tierra del país. Aquí no hay restricciones, con menos de 50 mil dólares se obtiene visa de inversionista. Nos venden como Valle de la Longevidad. Algunos nos compran como póliza. Y para quien ya tiene la tierra, la industria del búnker creció 400 % desde la pandemia, con modelos desde 17 mil dólares hasta nueve millones. Hay arca para cada bolsillo.

Pero la anomalía mayor no es que estas arcas existan. Es lo otro, lo que ocurre en paralelo. El plan A. El delirio vestido de sensatez.

 


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